trabajo llanero

UNESCO ingresa los Cantos de trabajo de los llanos de la Orinoquia a lista de medidas urgentes

Foto: @) UNESCO

Muchas veces los cantos campesinos dejan de practicarse, no solo porque la modernidad no dé espacio a los hábitos antiguos, sino además porque las comunidades pierden la capacidad de resignificar el cultivo de una expresión, perdiéndose así tanto la expresión en cuestión, como el sentido compartido pertenencia e identidad colectiva que se refleja en estas prácticas. Es posible que este sea el escenario que afecte a los cantos de trabajdo una pieza que en 2011 aparecerá en la banda sonora del largometraje argentino La plegaria del vidente y tres años más tarde en el festival de Cosquín, cuando Juan Carlos Baglieto y Lito Vitale versionaron el conocido tema. Mucho antes, otros renombrados músicos venezolanos la hicieron presente en su obra. El musicólogo caraqueño Juan Francisco Sans cuenta que “Algunos compositores nacionalistas, como Antonio Estévez, las utilizaron de base para sus composiciones, en especial, en su Cantata Criolla, o en su Canto de ordeño”.

Y qué decir de la portentosa labor impulsada por Simón Díaz, quien, previendo el desuso en que caerían estos cantos, se preocupó de recopilar, componer e incluir tonadas llaneras a su repertorio y sus populares programas; Díaz comenzó su tarea con las tonadas terciando la década de 1950, cuando las haciendas lecheras iniciaba la mecanización de la ordeña. Sans afirma que Díaz “siendo un hombre de medios de comunicación, se dedicó con ahínco a popularizarlas, de tal modo que, al final de su vida, ganó por ello un Grammy Latino. Esto ha logrado que las tonadas hayan ingresado a la cultura popular latinoamericana de forma sólida, de mano de intérpretes como Natalia Lafourcade o Caetano Veloso.” Pero no haríamos justicia si entre los precursores olvidásemos citar el trabajo pionero del tachirense Luis Felipe Ramón y Rivera, quien en 1955 publicó Cantos de trabajo del pueblo venezolano, (1955, Fundación Eugenio Mendoza. 55 pg.) breve monografía donde describe de modo sintética este género.

De la otra parte, en Colombia, los cantos llaneros están pasando al olvido. Ya pocos recuerdan cómo matizar con el canto las tempraneras horas de la ordeña y tal vez menos son los llaneros que llevan un arreo cantando coplas. Trino Isnardo Terres, vaquero del llano colombiano admite con pesar: “Desgraciadamente, yo no sé qué nos pasó. Pero yo que conozca a uno que le cante al ganado… desgraciadamente no.” Esta pérdida motivó que en 2011 un equipo de profesionales del Ministerio de Cultura de Colombia iniciara los contactos con comunidades donde hubo canto de trabajo, para iniciar la articulación de encuentros orientados a la recuperar lo que aún pervive en el recuerdo de un paisanaje otrora cultor de cantos de trabajo. Sebastián Londoño, asesor patrimonial del Ministerio de Cultura de Colombia señala: “Nos lanzamos hacia el llano a buscar qué ha pasado con los cantos de trabajo y empezó en el 2011 un proceso de acercamiento a los portadores de la manifestación. Se hizo un viaje por las costas del río Meta de visitar muchos municipios donde había todavía personas que conocían estos cantos. Buscamos la estrategia de unos foros en los cuales se encontraran las personas que tienen este conocimiento.”

Y esta iniciativa prosperó, al punto que el miércoles 6 de noviembre de este año, UNESCO incorporó esta expresión de la lírica popular a la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial que Requiere Medidas Urgentes de Salvaguardia. Por cierto, no es esta la lista en la cual quisiéramos ver nuestros patrimonios culturales, pues en ella son ingresados elementos debilitados en extremo, ya sin contexto y con severas limitaciones para su revitalización. Y es probable que no habiendo ya práctica vinculada a la faena, sea necesario implementar acciones dirigidas a la recuperación y valoración de los aspectos lírico-musicales, como ocurrió ya hace décadas en Venezuela. Y sobre esto vale considerar la palabras de Juan Francisco Sans cuando expresa con claridad certera: “Como ocurre con tantas otras expresiones musicales, por cambios en los modos de producción, estos cantos perdieron su sentido original y es muy difícil que se puedan rescatar sin recuperar el modo de producción mismo, algo que luce improbable. Es fácil predecir que su supervivencia será meramente musical, como ocurrió en el caso venezolano, con gran éxito.”

Por lo anteriormente expresado, nos alegramos de la medida adoptada por UNESCO, esperanzados en el éxito de las gestiones que hoy Colombia reanuda con más entusiasmo y apoyo. También vemos el asomo de nuevas necesidades sociales donde la presencia de los etnomusicólogos y el compromiso de la disciplina resultan insustituibles.