Experiencia, calidad, estímulo. Sobre el III Congreso de ARLAC-IMS

Por Silvina Luz Mansilla

Una experiencia invariablemente enriquecedora ha sido, una vez más, para quien escribe, el reciente encuentro científico de la Asociación Regional para América Latina y El Caribe de la International Musicological Society, (ARLAC/IMS) llevado a cabo en Santos, histórica ciudad costera perteneciente al estado de Sao Pablo, en Brasil. La Universidad Católica de Santos fue la lujosa sede, entre los días 1 y 5 de agosto de 2017, que ofreció su infraestructura contundente y la cordialidad del equipo organizador, a más de cien expositores de distintas experiencias y procedencias, que allí nos dimos cita.

Coordinado por Juan Pablo González, la más alta autoridad dentro de ARLAC/IMS, el Equipo Organizador contó con el valiosísimo trabajo de Diosnio Machado Neto, de la USP, y Antônio Eduardo Santos, de la institución anfitriona. No menos importante ha sido la labor del prestigioso Comité de Lectura, con ocho integrantes –entre los que se contó con el actual vice-presidente de IMS, Egberto Bermúdez–, y que presidió el Coordinador de ARLAC/IMS, Juan Pablo González. El Equipo de Apoyo, autoridades de la casa y entidades patrocinadoras (Asociación Brasileira de Musicología y Laboratorio de Musicología de la USP), completan el panorama de los recursos humanos, instituciones y avales académicos puestos al servicio, minuto a minuto, de un resultado general que considero auspicioso y muy estimulante para nuevos encuentros.

Los trabajos presentados, agrupados en mesas temáticas, sesiones especiales y sesiones de comunicaciones, representan el variado universo actual de la musicología regional con sus distintas áreas, incluyendo también, en menor medida, a la península ibérica y otros países. Actividades complementarias, como homenajes, lanzamiento de libros, reuniones de grupos de estudio y de trabajo, mesas redondas y conciertos, ofrecieron una multiplicidad de formatos (más o menos rigurosos, más o menos distendidos), que permitieron interactuar a los participantes y al público, según cada caso, en una forma totalmente fluida y cordial.

El agrupamiento de las ponencias libres –más de ochenta– en alrededor de veinte sesiones de comunicaciones, intentó cumplir con la organización que IMS nunca declina, que es la de otorgar un espacio de veinte minutos para la exposición y diez para el debate a cada investigador que se postula a la convocatoria bajo esa modalidad. Eso sí, difirieron los moderadores en abrir el diálogo con el público al final de cada ponencia o al final de cada sesión, lo cual hizo aleatoria la posibilidad de que el público “migrara” de sesión en sesión, si su interés así lo pedía. En algunos casos de los que presencié, esa puesta en común al final de la sesión permitió explayarse a los ponentes, contestar preguntas e intercambiar ideas, generándose un plus didáctico que seguramente muchos de los expositores jóvenes valoran y agradecen (a juzgar por las opiniones hechas públicas en redes sociales, unos cuántos quedaron “impactados”, “sorprendidos gratamente” y mencionaron “el lujo” de poder compartir sus aportes en mesas con quienes consideran relevantes y experimentados musicólogos). En otros casos, las sesiones de comunicaciones previstas con horarios que se solapaban entre sí (sobre todo en las mañanas), tuvieron un número impar de ponencias (tres) para desarrollarse en dos horas, lo que generó una distribución desigual del tiempo para cada ponente. Pero en todo caso, la prevalencia de esa elasticidad “para más” (y no “para menos”, que suele opacar muchos trabajos cuando se los apura a escasos quince minutos) fue beneficiosa y podría decirse en líneas generales (dentro de lo general que es el propio “recorrido” de esta servidora por el congreso), que favoreció el fomento de una mayor participación y compromiso en las opiniones por parte del ocasional público.

De las mesas temáticas, fue para quien suscribe un verdadero placer presenciar la dedicada a “El regreso de los grandes relatos: vigencia, desafíos, propuestas”, coordinada por Leonardo Waisman. Esta mesa contó con la participación de Victoria Eli, Víctor Rondón (quien se sumó a través de una teleconferencia) y Juan Pablo González. Luego de una lúcida presentación teórico-metodológica del coordinador que incluyó también el análisis de su propia experiencia abordando y escribiendo un libro sobre música colonial latinoamericana, Victoria Eli presentó tres de sus experiencias bibliográficas –una de mediados de la década de 1990 y dos, recientes, en co-autoría con Consuelo Carredano– que la motivaron a trabajar “a gran escala”, intentando aplicar criterios musicológicos adecuados según los públicos destinatarios y la extensión a la cual, por motivos editoriales, debía ceñirse. Víctor Rondón nos proveyó de un recorrido crítico por los libros de historia de la música chilena de distintas épocas y nos puso al tanto del “Manifiesto por la Historia” (The History Manifiesto) publicado en 2014 por los historiadores Jo Guldi y David Armitage, en el cual se aboga por volver a aplicar una mirada más amplia, que se salga del corto plazo, para en cambio permitir, con la escala que otorga una mayor perspectiva, una contribución más efectiva de los historiadores a la resolución de los problemas sociales actuales. Juan Pablo González, por su parte, nos compartió la cocina de la investigación de sus varios tomos de la Historia social de la música popular chilena, algunos emprendidos con el historiador Claudio Rolle; valioso resultó imaginar esos dilemas y discusiones de los autores en torno a cómo hacer interactuar las distintas escalas temporales en beneficio de lograr combinar fluidez de lectura con exhaustividad, y en lo que hace a la relación entre los aspectos puramente musicales y el desarrollo socio-cultural y político en el cual las músicas estudiadas afloraron.

Los conciertos y sesiones musicales estuvieron previstos al final de cada jornada. Mucho aprecié conocer la pequeña capilla con que cuenta UNISANTOS, donde resonaron voces mayormente jóvenes, instrumentos antiguos y distintos repertorios, proveyendo momentos de felicidad y cordialidad, antes de partir a las cenas grupales. La Pinacoteca Benedicto Calixto nos deparó a dos instrumentistas relevantes en flauta y piano –José Simonian y Antônio Eduardo Santos, respectivamente–, que dedicaron su concierto a la producción de Gilberto Mendes, compositor local destacadísimo, uno de los fundadores de Música Nueva, fallecido en 2016. Quizá se echó de menos, en este y los otros conciertos, la presencia de un programa impreso que permitiera recordar el detalle a posteriori de las obras interpretadas. En todo caso, tómese esta observación como una mera sugerencia a futuro.

Personalmente, disfruté mucho el simpático y energizante diálogo que se dio durante el famoso “Papo de Botequim”, en torno al tema “Pensar la música desde América Latina”. Los estímulos del moderador, Diosnio Machado Neto, por momentos sonaban casi como “provocaciones”. Pero esa fue la clave, creo, porque ello permitió escuchar de parte de los comprometidos musicólogos convocados (Beatriz Magalhâes Castro, Juan Pablo González, Leonardo Waisman y Gonzalo Camacho), ideas importantes, lineamientos señeros, diagnósticos certeros, perspectivas novedosas. También, sobre algunas problemáticas no por reiteradas menos acuciantes, con la intervención de algunas personas del público (Lucero Enríquez Rubio, entre otros). Calculo que en Argentina, que es el país donde en general participo en congresos, no ocurriría un formato tal, en el cual la tónica consista en “pensar en voz alta”, conversar libremente, casi como en una de esas reuniones relajadas en las cuales las personas “quieren arreglar el mundo”. Felicito a Diosnio Machado Neto, autor de esta idea del “Papo de Botequim”. La sesión resultó (al menos para mí) como un estímulo fuerte para recordar las “grandes utopías”: metas, ideas rectoras a las cuales queremos tender profesionalmente y que, aunque nunca las alcancemos en su totalidad, no nos viene mal recordar que allí están, como una suerte de horizonte que se quiere alcanzar y, que aunque no se alcance, permite estar siempre en camino.

En camino. ARLAC-IMS demostró con este tercer encuentro la vitalidad de los musicólogos de todas las edades y, aún con cuestiones perfectibles, la tendencia de la institución rectora a continuar favoreciendo la formación, la producción de conocimiento y el intercambio académico, para franquear el recíproco desconocimiento y permitir el progreso de la disciplina, siempre en un marco grupal de honestidad intelectual, vigilancia epistemológica y camaradería. Mucho debe ARLAC/IMS en todo esto a su principal mentora, Malena Kuss.

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